1/5/2021

Opinión

Trabajo y sustentabilidad, dos preocupaciones que requieren ser calibradas

Hoy la sustentabilidad se proyecta como un modelo que no podemos dejar de tener en cuenta a la hora de pensar a futuro, lamentablemente existen pocos incentivos para mantenerse en ese camino.

Autor de la nota: Franco D. Cruz

Franco D. Cruz

Publicado el 1 de Mayo de 2021


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Si algo quedo bien en claro en la sociedad del siglo 21, es que los desafíos medioambientales y el cambio climático no son una preocupación para una sociedad muy distante, sino que sus repercusiones comenzarán a generar cada vez más estragos en el mediano plazo, vaticinando desastres ambientales, inundaciones, sequías, millones de desplazados y muchos otros conflictos que poco a poco irán transformando nuestro planeta.

Las causas de estas catástrofes son muchas. Pero las principales están vinculadas con la emisión de gases de efecto invernadero, principalmente el CO2 que es producto de la quema de carbón, petróleo y gas para generar energía eléctrica y la emisión de Metano, que es impulsado principalmente por las flatulencias de las vacas, que si bien puede parecer algo menor, se convierte en un problema complejo ya que existen miles de millones de ellas en el mundo.

El problema se agrava ya que la principal forma que tiene el mundo de canalizar todos estos gases es por medio de los árboles y vegetación, que son capaces de re transformar gases contaminantes en aire puro. Un proceso que lentamente se va entorpeciendo y perdiendo su eficacia, ya que en el mundo la deforestación anual se estima en 13,7 millones de hectáreas por año. Una cantidad muy por encima que las hectáreas que son nuevamente reforestadas.

Es en este marco mundial caótico y preocupante, donde pareciera que la mejor alternativa es abalanzarnos de lleno hacia las energías limpias y el consumo sustentable. Las autoridades nacionales parecen estar muy preocupadas al respecto. En el año 2018 anunciaron tasa cero en la importación de aerogeneradores y paneles de energía fotovoltaica, preocupados por resolver el problema ambiental, sin tener en cuanta un dato muy importante.
Desocupación en Argentina
Se trata de una desocupación que hoy se estima en torno al 45% de la población económicamente activa del país que enciende todas las alarmas a nivel económico y social propenso a tener consecuencias mucho más devastadoras para los argentinos, que el cambio climático.

Al parecer, nada de esto está siendo tomado en cuenta a la hora de pensar nuevas políticas energéticas. De forma que los programas pensados en ampliar la capacidad instalada prefieren priorizar el impacto ambiental, por sobre el trabajo y hacen la vista gorda a las reservas de gas y uranio, que están siendo explotadas muy por debajo de su potencial.

Nuevamente, insisto en el punto de que no se trata de algo en contra de esta revolución energética que tanto va a beneficiar al medio ambiente, incluso si los paneles solares se pudieran producir en Argentina, sería el principal defensor de la revolución verde.

Pero mientras sigamos siendo importadores del 100% de los insumos necesarios para generar energía eléctrica sustentable, significa que nuestra soberanía energética no es un aspecto que está siendo tenido en cuenta. Evidentemente tampoco lo es el trabajo, ya que la energía solar, junto a la eólica son las que menos puestos de trabajo pueden ofrecer.

Por otra parte, entre las alternativas sustentables que están eligiendo países desarrollados como Alemania, se tienen en cuenta opciones como la producción de energía térmica producida con gas natural que deben importar desde Rusia, irónicamente en Argentina que hay gas no se lo explota lo suficiente ya que se considera contaminante.
¿Qué hacen los países desarrollados para revertir este problema?
Mientras que en Argentina terminamos por darle la espalda a nuestros propios recursos naturales, en países más desarrollados el consumo energético se sigue disparando. En estos últimos años impulsados por la minería de criptomonedas para lo que se está usando importantes cuotas de energía.
De hecho, la energía que demanda actualmente la minería de Bitcoin (solo una de las tantas criptomonedas) es más grande que el 100% de la energía consumida por todo el pueblo argentino.

Es decir, mientras que los organismos internacionales exigen un esfuerzo ambiental a los países en vías de desarrollo, el sector más pudiente de la economía, lejos de hacer lo mismo para aportar un cambio, implementa 121,36 teravatios-hora (TWh) de electricidad al año, en un instrumento de especulación financiera global.
La energía más limpia del planeta, una amenaza para el dominio de Estados Unidos
Otra muestra de que en verdad los países más desarrollados no están dispuestos a ceder sus privilegios por el medio ambiente, es el discurso construido en torno a la energía nuclear.

Probablemente todos hayan escuchado hablar sobre las terribles amenazas que representan la energía nuclear y las consecuencias que puede tener en la salud la radiación propia del uranio enriquecido, que es el principal combustible empleado para la producción de energía nuclear.

Un discurso que se viene repitiendo desde los años de la guerra fría para desincentivar esta fuente de energía que permitía a los territorios de la Union Sovietica desarrollar una importante industria energética, teniendo en cuenta que las principales reservas de uranio del mundo se encuentran en países como Kazajistán, Ucrania, Rusia, China, Uzbekistan, Irán y el este de Alemania, entre otros.

Lamentablemente, lo que se olvidan de mencionar cuando se recurre a ese discurso, es que en la actualidad la fusión nuclear es el proceso de producción energética más eficiente y menos contaminante de todo el mundo. Además de que permite a muchos países un desarrollo energético económico y eficiente, que genera miles de puestos de trabajo.

No obstante, Estados Unidos impulso un programa de desnuclearización que género impactos económicos y ambientales muy significativos en todo el mundo, para evitar que existan otros países en condiciones de generar armas nucleares y que pudieran poner en riesgo su hegemonía militar.

Por ejemplo, Irán continúa en una profunda crisis económica como consecuencia de no abandonar su programa nuclear, razón por la que hasta hoy le pesan sanciones económicas.

En paralelo, a la desnuclearización de la energía el planeta experimento un fuerte incremento de las emisiones de CO2, consecuencia de la instalación de nuevas plantas de energía térmica a base de carbón que se instalaron para compensar la demanda energética.

El carbón como fuente de energía ya demostró ser la menos eficiente en la relación costo/beneficio para el medio ambiente, ya que el proceso emana grandes cantidades de CO2 a la atmosfera (por lo que se puede apreciar un humo negro en las centrales eléctricas).

Por el contrario, las enormes chimeneas de las plantas de energía nuclear solamente liberan vapor de agua durante el proceso y ya que como no se quema ningún combustible en no existe liberación de gases de efectos de invernadero, solo el vapor de agua que es utilizado para girar las enormes turbinas energéticas.
El monopolio de las armas nucleares y las restricciones sobre el mundo
Había quedado demostrado que ventajas de la energía nuclear eran muy prometedoras para el progreso de la humanidad y el desarrollo sustentable de la economía, permitiendo que rápidamente países como Argentina pudieran aprovechar plenamente el recurso que demandaba un desarrollo científico y técnico muy importante.

Lamentablemente, la investigación y desarrollo de esta importante fuente de energía freno de golpe, cuando se percataron de que este desarrollo ponía en riesgo la hegemonía mundial, ya que muchos países en vías de desarrollo comenzaban a estar en condiciones de desarrollar sus propios armamentos nucleares.

En consecuencia, el gobierno de Estados Unidos y otras potencias europeas, se pusieron de acuerdo para poner un punto final a estos programas nucleares y firmaron el tratado de no proliferación nuclear, que punto final al desarrollo de la energía nuclear en el mundo.

Por su puesto que el mismo tratado que firmaron, autorizó a cinco estados la posesión de armas nucleares: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Unión Soviética, y República Popular China. Que pese a la necesidad de "desnuclearizar el mundo" coacervaron casi 10 mil cabezas nucleares.

Además de que al día de hoy, países como Francia siguen haciendo uso y abuso de la energía nuclear, permitiendo que la matriz energética de dicho país este compuesta en un 75% de energía nuclear.
El programa nuclear de Argentina
Argentina no por coincidencia fue el primer país de América Latina en poner en funcionamiento una planta de energía nuclear, ya que desde 1945 comenzó a trabajar de forma intensiva en un proyecto a largo plazo que le permitirán explotar al máximo los beneficios de fusión nuclear.

Para ello, se embarcó en un plan de 3 etapas que apuntaban a la fabricación de combustible nuclear que pudiera ser aprovechado para la obtención de energía eléctrica:
- En la primera de ellas, se consiguió alcanzar la producción del concentrado comercial, conocido internacionalmente como “yellow cake”, que contiene un 60-70% de uranio.
- La segunda etapa, correspondía a la purificación del concentrado y su posterior conversión a polvo de dióxido de uranio, consiguiendo una pureza prácticamente perfecta.
- En la tercera etapa, se logró completar el ciclo y a partir del polvo de dióxido de uranio, ya se podían fabrican pastillas que sirvieran de combustible para los reactores nucleares. 

Un verdadero proyecto nacional, que priorizaba la soberanía por sobre todas las cosas, y que se había pensado de forma tal, que aprovechaba al máximo el capital humano, e institucional del que se disponía en aquellos años.
Un trabajo integrador
La primera etapa de este proceso comenzó entre 1945 y 1949, tan solo seis años después de que se descubrió la nueva tecnología, en esa primera etapa se descubrieron varias manifestaciones y pequeños yacimientos de uranio en la provincia de La Rioja y automáticamente comenzaron los primeros estudios de la mano de la Dirección Nacional de Fabricaciones Militares, que luego le cedió las riendas de la investigación a la Universidad Nacional de Cuyo, en colaboración con la entonces Dirección Nacional de Energía Atómica, que se crearía en 1950.

En 1952 la DNEA ya tenía en marcha la investigación de tecnologías que permitían producir uranio concentrado y uranio metálico que si bien aún no era suficiente para emplearlo con fines energéticos, no había dudas de que Argentina lograría estar a la vanguardia en América Latina.

En 1956 ya se había creado la Comisión Nacional de Energía, que se creo como institución encargada de poner en marcha los proyectos anteriormente mencionados y tras invertir más de una década en investigaciones y desarrollos tecnológicos en 1970 se dio un gran paso, cuando la CNEA, asume el compromiso de abastecer a la Central Nuclear Atucha I con concentrado de uranio producido en el país.

De ese hito en adelante, todo fue prosperidad para la industria nuclear argentina. En total, hubo ocho centros productores de concentrados de uranio, cinco operados por la Comisión Nacional de Energía Atómica y los otros tres por empresas privadas.

En aquellos años, donde la soberanía nacional eran palabras mayores, el desempleo en Argentina alcanzaba tan solo el 0.5%.
La economía sustentable del futuro
Desde el 2018, cuando el ex presidente Mauricio Marcí anuncio 0% de impuestos sobre la importación de paneles fotovoltaicos y aerogeneradores, se viene pensando una matriz energética que apunta a conseguir una transición hacia las energías limpias. Un proyecto que solo beneficio a trabajadores chinos que se dedican a la producción de paneles solares.

En la misma línea, en el año 2020 existían muchos sectores del gobierno nacional que se oponían a una inversión de 27.000 millones de dólares para instalar fábricas de producción intensiva de cerdos, que prometían generar mayor valor agregado en la producción local y emplear a miles de trabajadores de todo el país, pero que fue desestimado por la contaminación que eso implicaría y por el agua que iba a demandar.

En este sentido, científicos argentinos se pronunciaron contra la introducción del trigo transgénico HB4, un transgénico de desarrollo 100% nacional que promete mejorar los rendimientos del trigo y optimizar la producción.

La noticia causo espanto en todos los portales, haciendo alusión a las sequias, el medio ambiente y el cambio climático. Como que si los transgénicos que actualmente se importan de Europa no tuvieran las mismas consecuencias.

Incluso, en proyectos sustentables como la represa hidroeléctrica que se quiere construir en Santa Cruz, que recibió importantes críticas del CONICET, que por medio de una carta abierta se opuso al proyecto por no tener en cuenta las necesidades del medio ambiente, pese a tratarse de un proyecto de energía sustentable que se realiza en una zona desértica. "Como investigadoras/es del CONICET queremos hacer un llamado a la responsabilidad y compromiso ético de los/las profesionales que integran las instituciones interpeladas en la elaboración de sus informes”, comenzaba la carta abierta que pedía suspender el proyecto energético ya que “el incremento de producción y consumo energético no son ya parámetros de bienestar”.
¿Los trabajadores para cuándo?
Siguiendo la lógica que se viene arrastrando hasta el día de hoy, pareciera que las instituciones no tienen un compromiso con el medio ambiente, sino que apuntan en contra de todo aquello que se puede producir empleando a trabajadores locales, beneficiando en todo momento a empresas trasnacionales y fomentando la importación de productos que se podrían fabricar localmente.

Si bien no es mi intención cargar contra el desarrollo sustentable, resulta imprescindible que los trabajadores desempleados y sus familias también comiencen a ser tenidos en cuenta a la hora de elegir los modelos de desarrollo futuros. Porque los trabajadores son más importantes que el acuerdo de parís, la huella ambiental y la agenda que imponen los países desarrollados.
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