11/11/2020

Política

Una fórmula para el Fondo

Unas horas antes de anunciar que se avanzaba en un acuerdo de facilidades extendidas con el FMI, se conoció la fórmula de la movilidad jubilatoria. ¿Cómo evitar que las jubilaciones no pierdan?

Publicado el 11 de Noviembre de 2020


Imagen de la nota 'Una fórmula para el Fondo'

Recibir al Fondo Monetario Internacional con una nueva fórmula jubilatoria no significa ningún augurio para el bolsillo de los jubilados.

El anuncio de Martín Guzmán a medios internacionales que lo consultaron previo a la llegada del FMI, destacaban que la estrategia del gobierno sería avanzar a un acuerdo de facilidades extendidas. En este medio, ayer se publicaba un artículo sobre el significado que tiene para el FMI el modelo de acuerdos de plazos extensos para el cumplimiento de los pagos correspondientes al préstamo, que siempre vale decirlo, fue ilegítimamente otorgado a Mauricio Macri con el único objetivo de financiar la escandalosa fuga de capitales que aún sigue azotando la economía nacional.

Dos anuncios precedieron el arribo del FMI al país. El primero fue una poda significativa sobre el presupuesto 2021, en el que se redujo a la mitad el déficit previsto en una economía marcada por la crisis global de la pandemia. A peor de males, Martín Guzmán anuncio que financiaría hasta fin de año, el déficit con emisión de deuda, cesando de esta manera la emisión monetaria.

El segundo de los anuncios con el que se recibió al organismo multilateral es la definición de una movilidad jubilatoria que reemplace aquella que Mauricio Macri había encomendado en el año 2018 y que se encuentra suspendida desde diciembre del año pasado.

El argumento superficial con el que se busca blindar de toda crítica la nueva formular para calcular el aumento de las jubilaciones es que "la fórmula que se propone es sustancialmente la misma a la sancionada en 2008 y que resultó en una mejora sostenida en el poder adquisitivo de los jubilados y jubiladas hasta el año 2015".

En realidad, hay dos aspectos a tener en cuenta que hacen a la fórmula similar, pero no idéntica. El economista Claudio Scarletta señala: “parecido no es lo mismo, porque se introducen dos cambios no necesariamente favorables para los trabajadores pasivos. El primero, respecto de la primera parte de la regla, es que se deja afuera la variación de los salarios informales.”

En efecto, en la fórmula vigente desde el 2008 hasta el 2017 se preveían dos formas de medir los incrementos salariales, con los informales incluidos y apenas con los formales. En ese aspecto, establecía que debía tomarse la que arrojara un valor más alto.

Sin ir mas lejos, el último informe del Indec sobre salarios, que mide tanto formales como informales, determinó que estos últimos aumentaron un punto más que los formales.

En ese sentido, el especialista Miguel Fernández Pastor señaló: “Tengo una sola observación, que creo que en el debate parlamentario se podría zanjar. La nueva fórmula utiliza un índice, el RIPTE,  para medir el incremento salarial. Y la vieja, la de Amado Boudou, de la época de Cristina, decía RIPTE o un índice que midiera más alto”.

Fernández Pastor, acorde a la postura del gobierno nacional, sostiene que la inflación incorporada a la formula impone un techo a la jubilación. Así, sostuvo en Radio Gráfica que “Me parece muy bien que no utilice dentro de la fórmula la inflación, porque la inflación le pone techo a la discusión”.

Scarletta sostiene, en relación al segundo aspecto que la diferencia de la fórmula de 2008, que “se le pone un tope del 3 por ciento por sobre el aumento de la recaudación previsional. Es decir que por más que los salarios empujen para arriba el resultado de la fórmula, no se computará más que hasta el tope de la variación de la recaudación multiplicado por 1,03. El límite parece lógico, pero no después de tres años de estancamiento de los ingresos y sólo parece responder a una mera voluntad fiscalista.”

Por otro lado, corresponde hacer notar que los contextos en que se diseñan las fórmulas para el cálculo de la movilidad jubilatoria determinan su eficacia.

En tiempos de recesión económica, como el que se vive en gran parte del mundo entero y en Argentina aún más, la fórmula que recoge la recaudación previsional no suele compensar los incrementos inflacionarios.

Nicolás Dvoskin, en el Pais Digital, explicaba hace unas semanas que “en los años recesivos (2014 y 2016) la remuneración real cayó. En la medida en que los salarios crecieron menos que los precios, el poder adquisitivo de los jubilados -así como el de los trabajadores- se vio disminuido.”

En efecto, fueron los años recesivos señalados por el autor en los únicos que perdió la jubilación durante la vigencia de la fórmula.

La esperanza de un pronto crecimiento es el único que empuja la convalidación de una fórmula que fracasó en tiempos de recesión económica como la que se atraviesa hoy.

Dvoskin, doctor en ciencias sociales e integrante del CEIL del Conicet, propuso una fórmula novedosa, en la que se establece que las jubilaciones apunten a ganar siempre en relación con el alza de precios.

El autor señala propone “fijar como índice de movilidad al mayor entre la evolución de los salarios -o alguna fórmula similar a la de la ley de 2008- y la de los precios. Así, cuando sube el salario real los jubilados pueden ser beneficiarios de una parte de ese crecimiento y, cuando cae, las jubilaciones mantienen relativamente su poder adquisitivo (además, una mayor periodicidad de los aumentos reduce la pérdida).”

En definitiva, como bien señala Scarletta, el ajuste estructural que demanda el FMI ha empezado por la fórmula jubilatoria. El economista señala que “La negociación con el FMI está abierta, pero las señales de por dónde pasará la oferta de ajuste local, en un escenario con casi nulo espacio para las reformas laborales, parecen ir en una sola dirección. El dato duro es que el FMI, el gran presente griego que heredó el macrismo, está adentro y condicionará por años el devenir de la economía local.”

En lo real, la canasta básica para un jubilado al día de hoy en la Argentina es de $ 49.614, y la jubilación mínima que percibe el 50% de la población es de $ 18.129, incorporado el último aumento por decreto del 7,5% en el mes de septiembre.

El aumento de septiembre significó una erogación mensual de 13.000 millones de pesos para las jubilaciones y pensiones. Los bancos, según informa el BCRA, han registrado ganancias al mes de agosto de 2020 por 136.000 millones de pesos, y apenas constituye la suma declarada.

Con cada venida del FMI a nuestro país, se aleja considerablemente aquella frase de campaña electoral que aún resuena en los oídos de quienes intentan seguir escuchando: “entre los bancos y los jubilados, me quedo con los jubilados”.

Por lo pronto, salarios y jubilaciones siguen yéndose al fondo de las promesas.  

Publicidad - Fatica