7/5/2022

Internacionales

Yemen: La guerra olvidada en el atolladero saudita

7 años de Guerra. La intervención militar Internacional en Yemen liderada por Arabia Saudita y fuertemente apoyada por Estados Unidos y otras potencias de occidente, se ha convertido en un atolladero sin salida. En medio de una inducida catástrofe humanitaria y sin poder derrotar la rebelión de los Hutíes, el conflicto ha recrudecido y propagado.

Autor de la nota: Patricio Falabella

Patricio Falabella

Publicado el 7 de Mayo de 2022


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El doble rasero de los medios masivos de comunicación en occidente ha quedado expuesto una vez más con la sesgada cobertura de la guerra en Ucrania. Sin bien es cierto que no todas las guerras repercuten de la misma manera dependiendo de los actores involucrados y los intereses geoestratégicos que están en juego, las imágenes y contenidos audiovisuales de ciudadanos blancos y europeos que narran en primera persona los avatares trágicos de su conflicto, se articula con el discurso ruso-fóbico de occidente para profundizar la demonización de las fuerzas armadas rusas sobre  la “indefensa” Ucrania. Paradójicamente, se naturalizan los discursos sobre las innumerables tragedias humanitarias que provocan el accionar de los Estados Unidos y sus aliados europeos alrededor del mundo. Millones de personas sufren la triste condición de refugiados, padeciendo el hambre y los desplazamientos,  quedando a merced de los señores de la guerra y el crimen organizado: ciudadanos palestinos, sirios, afganos, países balcanizados como Irak, Libia o regiones enteras como la del  Sahel en el noroeste de África, sufren la dominación neocolonial  basada en el saqueo de sus recursos y la destrucción de sus sociedades, que se reproducen bajo el uso de la fuerza y la naturalización de las crisis humanitarias que ocasionan el ejercicio impune de la política criminal imperialista.  

De esta manera se puede comprender el silencio, la indiferencia, y la complicidad de la “libertad de prensa occidental” frente a una de las peores catástrofes humanitarias que sigue desgarrando al país de Yemen en medio del olvidado atolladero saudita.

 

La Guerra Olvidada

A finales de marzo de 2015, una coalición internacional liderada por Arabia Saudita y fuertemente respaldada por Estados Unidos y otras potencias occidentales,  lanzaban  sus primeros ataques aéreos sobre Saná la capital de Yemen. El objetivo era restablecer de inmediato  el orden previo al 21 de septiembre del 2014, cuando la rebelión de los Hutí lograba derrocar  al Presidente Abd Rabbuh Mansur Hadi y obligar su exilio en el país saudita. La campaña denominada “tormenta decisiva” buscaba abortar el creciente apoyo popular de un movimiento armado que reivindica su identidad religiosa Chiita-Zaidí, una corriente minoritaria del Chiismo extendida popularmente sobre el territorio yemení, y considerada habitualmente como la más cercana al Sunnismo dentro del  Islam.

La intervención militar en Yemen fue legalizada a través de la Resolución 2216 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, dando luz verde a la coalición conformada por un conjunto de países entre los que se encuentran: Arabia Saudita, Egipto, Sudán, Marruecos, y las monarquías del Golfo exceptuando al sultanato de Omán. La coordinación  tanto de las acciones militares como el bloqueo total de las fronteras rápidamente indujo a un alarmante colapso humanitario: desde las agencias de las Naciones Unidas estiman que es  250.000 el número de víctimas. El giro narrativo de Biden retomando la implicancia bélica de las potencias occidentales para asegurar los contratos de ventas de armas  es tan vergonzoso como infructífero. Desde entonces, la parálisis política y la insuficiente ayuda humanitaria marcan el ritmo de los despojos de una guerra sin vencedores ni vencidos donde cada quién solo busca quedarse con la mejor parte del botín.    

 

Irán, la piedra en el zapato necesaria

En el origen del conflicto se enfrentaron un movimiento religioso nacionalista marginal, que se fue extendiendo rápidamente sobre casi todo el territorio yemení, frente a un conjunto de ejércitos con el mejor equipamiento del mundo y asistidos por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. Este enfrentamiento asimétrico prolongado está provocando costos y pérdidas inesperadas para la coalición internacional y sus aliados. La derrota en el plano simbólico ha visibilizado la peor crisis humanitaria inducida de las últimas décadas, crímenes de guerra y la inescrupulosa e incesante venta de armas a Raid y Abu Dabi; un costo político que va en aumento y atenta contra el maquillaje modernizante del Príncipe heredero Mohamed ben Salmán, después del asesinato en octubre de 2018, del periodista saudita Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudita, en Estambul. Además, este fracaso militar y político que encabeza la monarquía Saudita, permitió que los Huties se fortalecieran y sus opositores se fragmentaran. 

Mientras que el Presidente Hadi, sigue refugiado en Raid, se ve cada vez más incierto su regreso sin fuertes concesiones; crece el reposicionamiento del movimiento separatista sudista, representado por el Consejo de Transición Sudista (CTS), una convergencia entre salafistas armados y entusiastas del periodo socialista del Sur; cada vez más enfrentados a Hadi y a los sauditas, y a la vez, directa y controversialmente apoyados por los Emiratos Árabes Unidos. También se encuentran los partidarios del ex presidente Ali Abdullah Saleh, asesinado por los hutíes en diciembre de 2017 tras haberse puesto en contra de los rebeldes, luego de que en 2014 se había aliado a ellos para provocar el derrocamiento de Hadi.

Ahora bien, los fundamentos de la intervención militar para la mayoría de los integrantes de la coalición es el temor de la expansión de la República Islámica de Irán sobre Yemen. Por este motivo, denunciaron diversas acusaciones contra Teherán de ejercer influencia y brindar apoyo al movimiento rebelde Hutí. A pesar de los informes de la ONU de notar un incremento en la intervención iraní a través de la entrega de misiles de largo alcance con destino sobre territorio saudita  o emiratí, nunca se pudo demostrar la presencia de instructores militares Iraní en suelo yemení. Las acusaciones sobre el rol protagónico del chiismo Iraní son de carácter ideológico e infundado, también son una buena excusa del fracaso militar asimétrico y la parálisis política en el conflicto. No obstante, el carácter contraproducente de la intervención de Arabia Saudita y sus aliados ha provocado un aumento del apoyo iraní hasta entonces secundario y poco relevante. Por otro lado, tanto la capacidad de movilización como sus fundamentos ideológicos del movimiento rebelde Hutí son definidamente de raigambre local.

 

Liderazgo sobreestimado y (des) orden regional  

El padre de la derrota militar y política de la coalición internacional es sin dudas Arabia Saudita, quien desde el 2015 solo ha demostrado su capacidad para enredarse en el caso yemení y conducirlo a un atolladero sin salida ni lectura precisa de la situación. Su liderazgo sobreestimado por los tomadores de decisiones occidentales solo conduce a un des-orden regional de consecuencias impredecibles. La imagen internacional de la monarquía saudí sigue en descenso, culpable de varios crímenes de guerra e inducir a través del bloqueo una catástrofe humanitaria, el reino solo ha contribuido a su desprestigio. Los intentos infructuosos por romper la neutralidad diplomática de Omán, queriendo aprovechar la sucesión tras el fallecimiento durante el 2020 del sultán Qabus bin Said, van en contra de las pretensiones hegemónicas de Raid, y exponen las divergencias políticas y la fragmentación de intereses entre las monarquías del Golfo. Así mismo, en el núcleo duro de la coalición, el poder saudita se encuentra fisurado. Los Emiratos Árabes Unidos tienen su propio interés geopolítico en el Mar Rojo y  la región meridional de Yemen, el  apoyo directo de Abu Dabi al Consejo de Transición Sudista también van en dirección opuesta de las pretensiones del  poder de Raid. 

Por otra parte, la guerra en Ucrania ha agravado la crisis socioeconómica de Yemen, y las principales potencias mundiales siguen indiferentes frente al fracaso de la comunidad internacional. Los efectos contraproducentes que siguieron a la intervención saudita solo agravaron la crisis yemení. Es menester terminar con la catástrofe humanitaria, evitar la balcanización y ofrecer una alternativa de paz alejada de las tensiones regionales. Reconocer el fracaso de la coalición militar promoviendo nuevos interlocutores puede ser el origen de un proceso difícil pero necesario para reconstruir un país asediado por sus contradicciones y dificultades internas, pero fundamentalmente por las malas decisiones de aquellos que se autoconvocaron  en su ayuda.  

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