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Una cerradura al abismo


25 de noviembre de 2023

Las urnas se abrieron y Javier Milei fue el más votado entre los contendientes del balotaje. En apenas seis días como presidente electo, ha reivindicado su rincón ideológico, ha exhibido sus debilidades y se ha tropezado con la política. Un ritmo demasiado vertiginoso y la amenaza latente sobre un futuro doloroso para la mayoría de los argentinos, tornan incierto y prematuro cualquier análisis exhaustivo sobre el devenir de su mandato.

Fernando Gomez

Cuarenta años de haber recuperado el sugrafio tras la última dictadura militar, y la estética democrática de ir a votar cada dos años, depositó en la cúspide del Poder Ejecutivo a un economista que explicita su apego ideológico a teorías económicas marginales que asustarían a José Alfredo Martínez de Hoz; y en la vicepresidencia, a una reivindicación presente de Jorge Rafael Videla.

El arte de confundir sufragio con democracia, rosca con política, posibilismo con pragmatismo, cobardía con relación de fuerza, han terminado por desertificar ideológicamente el proyecto político llamado a representar los intereses de la mayoría, y con ello, se termina autorizando el emergente de un candidato que exhibe debilidad mental y fortaleza ideológica, como estética de la reinvidicación de la revancha, cuya aptitud electoral, terminaron abriendo una caja de pandora que nos enfrenta a un abismo del que apenas nos acercamos a la cerradura para espiarlo.

Desde aquel domingo por la noche, cuando aún terminaban de contarse los votos en las escuelas, Javier Milei exhibió todas sus fortalezas y también todas sus debilidades. Ha expuesto contradicciones y desorientaciones que no son propias para la favorable relación de fuerza que experimenta tras la presentación del resultado electoral.  

Milei exhibe su apego ideológico en cada entrevista televisiva que brinda, todas ellas grabadas en el interior de la habitación del Hotel Libetador que ocupa hace meses, a la que sólo acceden los periodistas que formulan las preguntas, vedados de la repregunta y sin asistentes ni cámaras para la ejecución televisiva del reportaje.

El producto que se observa en los medios y redes sociales es la edición que lleva adelante el propio equipo audiovisual de Javier Milei que graba y edita las partes que estima correctas y descarta las incorrectas. En cada una de las entrevistas, Milei demuestra que se aferra la teoría marginal de la Escuela Austríaca de Economía y evidencia un desconocimiento supino de cómo podrían materializarse en acción política efectiva ese conjunto desordenado de ideas descabelladas.

La eliminación de la obra pública, la liberación de precios, la eliminación de subsidios a todos los sectores económicos, la liberación cambiaria, la reducción impositiva, el déficit fiscal a rajatabla, son grandes títulos que, combinados abrutamente entre sí, permiten augurar un destino de miseria planificada en forma inmediata para una enorme mayaría de los argentinos, muchos de ellos, que ofrecieron su voto para que las consecuencias de un ajuste, lo pague la clase política.

Si Milei gobernara conforme expone ideológicamente, es dable augurar que en los 14 días que separan el inicio de su mandato con la Navidad, en la Argentina se pierda valor de reposición de los productos de consumo masivo en góndola, y con ello, se abra un tiempo de desabastecimiento. En definitiva, al liberar precios, es dable pensar -según expone Milei- que los precios vayan encontrando valor de mercado a partir de experimentar el resultado de oferta y demanda.

En términos prácticos, el supermercadista llama al mayorista, que llama al distribuidor, que llama a los grupos económicos que producen para el público masivo, y no encuentren valor para reponer en lo inmediato la leche en la góndola.

Un escenario de esa característica, con precios que aumentan libremente y salarios que se deprecian como producto de la liberación total de la economía, van a necesariamente desencadenar en inevitables tensiones sociales de imprevisible resultado.

En una reciente nota de opinión, Atilio Borón repasa las fuentes ideológicas de Milei. Tras recorrer una parte interesante del ideario de los referentes de la Escuela Austríaca Murray Rothbard y Friedrich August von Hayek, Borón sale al rescate de un discurso del sociólogo francés Raymond Aron, quien en 1952 ofrece un curso en respuesta de las insensatas ideas de la Escuela Austríaca.

Allí, Aron sostiene que estas ideas solo podrían ser aplicadas en “un contexto de dictadura política porque las medidas exigidas por un liberalismo de esa naturaleza son inviables al interior de una democracia tradicional, que tiene contrapesos, equilibrio de poderes y multiplicidad de actores políticos y sociales. La existencia de sindicatos y gremios, la influencia de los grupos de interés y, en definitiva, el entramado mismo de la sociedad civil hace muy difícil que un proyecto como éste pueda aplicarse al interior de una democracia pluralista”.

Sería una absoluta novedad que Milei lograra imponer un ajuste brutal como el que exhiben sus convicciones sin lesionar el fundamento de su legitimidad política, sin drenar toda fortaleza política por la alcantarilla del fracaso estrepitoso exhibido por sus decisiones económicas.

Es cierto, decisiones como las que expone crudamente en el plano teórico, pueden también abrazar la expectativa de ser acompañadas de un relato que fundamente las catastrofes futuras en responsabilidades pasadas. Pero eso apenas podrá habitar su afiebrada imaginación. Cuando el ajuste deja el terreno de la teoría y pasa a castigar el bolsillo material de quienes hoy lo piensan como de consecuencias ajenas, se frustra cualquier explicación rocambolesca sobre el asunto.

Al borde de la Navidad y Año Nuevo, someter a nuestro pueblo a una verdugueada semejante como la que augura Milei, no le depara un destino próspero de fortaleza política.

También puede resultar que Milei diga una cosa, y gobierne otro. Algunos miran a Macri, otros miran a Eurnekian y los grupos economicos que representa, y encuentran pistas para justificar que nada de lo que diga el hombre que estará encerrado 24x7 en Olivos junto a sus hijitos de cuatro patas, sucederá en la cotidiana existencia de los argentinos.

Estos seis días depositaron a un gerente de Paolo Rocca en YPF, a un abogado del estudio Funes de Rioja en el área de minería, a un gerente de Eurnekian como Jefe de Gabinete, a la dueña de un banco y empleada británica en la Cancillería, a un funcionario de Antonio Cafiero en Infraestructura, a empleados de Schiaretti en Anses y a un conglomerado de macristas en trabajo, acción social, seguridad, PAMI, en Economía y al Banco Central.

Si uno observa las idas y vueltas que trae el gabinete de Milei, advierte que el circo de subnormales que lo acompañan van cediendo protagonismo en una banda de asaltantes de la cosa pública que tienen probada experiencia en las mieles de la casta política.

La concreción de un programa característico de Mauricio Macri en el que se consume un programa de miseria planificada al mismo tiempo en que se materializa un asalto a las arcas del Estado por parte de un sector empresario que piensa exhibir su obsceno saqueo allí donde se lo interrogue al respecto, le auguran también un mal clima de arranque a un Javier Milei que habrá defraudado entonces a quienes lo votaron por bronca, a quienes lo votaron como esperanza  y a quienes se comieron la boludina del enfrentamiento a la casta política.

Javier Milei es un personaje de particulares características. Ha realizado los últimos tramos de campaña en lugares con 30 grados de temperatura y se rodeaba de gente con dos camperas de las que, uno espera, tenga cantidad suficiente para el recambio. Tiene gestos extravagantes, hiperactividad corporal que ameritan un examen en el terreno de las neurociencias y un comportamiento aniñado que abonan a la imposiblidad de poder especular sobre los eventuales sucesos que auguran a una Patria que se aproxima a un abismo cuyas dimensiones no se advierte.

En los próximos cuartenta días, Javier Milei amenaza con enfrentar a una porción de pueblo enorme, a una amplia representación política, social, gremial, sectorial y económica, toda junta y al mismo tiempo. Espera incluso poner en la vereda de enfrente de sus decisiones a la gran mayoría de sus propios votantes.

Sin lugar a dudas, ese presidente electo que exhibe fortaleza en éstos primeros días de consumado un resultado electoral, no tendrá la misma relación de fuerza o la misma entereza ideológica, o la misma aptitud como gobernante, una vez transitado un lapso que, inevitablemente, ofrecerá tiempos que oscilan entre lo oscuro y la catástrofe para el conjunto de nuestro pueblo.

Mientras tanto, una parte importante de la clase política que pobló las listas de Unión por la Patria, se aferra al Milei que depende de la casta macrista y empresaria, allí donde se abren huecos para negociar un conchabo o la supervivencia económica de sus estructuras institucionales o de negocios. Sus votantes se aferran a que sean la casta macrista y empresaria, y también la casta que regala gobernabilidad, quienes garpen el ajuste. Todo se encamina a una defraudación de proporciones inéditas.

Enfrentarse al abismo puede traer como respuesta el miedo, sentimiento que paraliza la respuesta necesaria que debe construirse colectivamente en éste tiempo, pero también puede disparar el vértigo de los desafíos para vencer los tiempos oscuros que se ofrecen. Hay que andar con el corazón despierto, decía Perón. En definitiva, como enseñaba el gran Federico García Lorca, “el más terrible de todos los sentimientos, es el sentimiento de tener la esperanza muerta”

Y así se forjarán las tareas para la militancia, atajando las conscuencias de un tiempo oscuro, cuidando a nuestro pueblo de las consecuencias de una catastrofe social de dimensiones aún insondables, aferrándose a las convcciones que algunos querrán sacrificar en el altar institucional de la gobernabilidad y transitando un tiempo de profunda crítica y autocrítica que permita reconstruir los pedazos rotos de una responsabilidad colectiva que sigue siendo agenda de futuro en una Patria que sigue teniendo un destino de grandeza y un pueblo que sigue mereciendo su felicidad.

 

Fernando Gomez

Fernando Gómez es editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.

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